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El cuerpo responde a lo que el cerebro interpreta

¿Puede el cuerpo distinguir entre algo que está ocurriendo ahora y algo que está ocurriendo en nuestro subconsciente?

Para entenderlo, podemos empezar con algo muy sencillo.

Cierra los ojos e imagina que tienes un limón en la mano.

Lo cortas.

Lo llevas a la boca.

Lo muerdes.

Aunque no haya ningún limón delante de ti, probablemente tu boca empiece a producir saliva.

¿Por qué?

Porque tu cerebro no necesita que el limón exista físicamente para generar una respuesta en tu cuerpo. La representación de ese estímulo ha sido suficiente para poner en marcha una reacción física.

Y aquí aparece una pregunta mucho más profunda:

¿Qué ocurre cuando el estímulo que interpreta nuestro cerebro no es un limón, sino una experiencia emocional que permanece activa en nuestro subconsciente?

El cuerpo responde a lo que interpreta

Nuestro cerebro está recibiendo información constantemente.

Hay estímulos que vienen del exterior y que están ocurriendo realmente en el momento presente.

Pero también existen estímulos internos: recuerdos, emociones, experiencias no integradas, miedos, pensamientos y situaciones que nuestro subconsciente continúa procesando.

El cuerpo recibe las señales que el cerebro genera a partir de toda esa información.

Por eso, una reacción corporal no tiene por qué estar respondiendo únicamente a lo que está sucediendo físicamente en el presente.

Puede estar respondiendo también a cómo estamos interpretando aquello que vivimos.

Y esto cambia completamente la manera en la que podemos mirar el dolor.

Porque quizá no se trata únicamente de preguntarnos:

¿Qué le está pasando a este cuerpo?

Sino también:

¿Qué está interpretando este cuerpo que está pasando?

Cuando el subconsciente toma el protagonismo

Imaginemos que estamos viviendo una situación emocional que nos resulta difícil.

A nivel consciente podemos pensar que estamos bien.

Podemos seguir trabajando, relacionándonos, haciendo deporte, cumpliendo con nuestras responsabilidades.

Pero puede existir otra parte de nosotros que esté procesando algo completamente diferente.

El subconsciente puede estar mandando señales constantemente.

Señales de protección.

De tensión.

De miedo.

De huida.

Y el cuerpo puede empezar a traducir esas señales a través de su postura, su movimiento, su tono muscular o su forma de ocupar el espacio.

No necesariamente somos conscientes de ello.

Precisamente por eso hablamos de subconsciente.

El cuerpo puede estar expresando algo que nuestra mente consciente todavía no sabe que está ocurriendo.

Un caso que me hizo observarlo todavía más de cerca

Hace poco trabajé con un paciente que había sufrido un esguince de grado II/III del ligamento interno de la rodilla izquierda.

Desde una mirada puramente física, había una lesión concreta que tratar.

Pero durante la sesión percibí algo que llamó especialmente mi atención: estaba completamente desconectado de su cuerpo.

No parecía plenamente presente en esa pierna.

Y para mí, esa falta de presencia era información.

Si el cuerpo está aquí, pero nuestra atención y nuestra energía están en otro lugar, ¿qué está ocupando realmente nuestro presente?

Empecé a indagar.

Y apareció algo que tenía mucho sentido con lo que estaba percibiendo: el paciente estaba atravesando un momento emocional en el que existía un fuerte patrón de huida, especialmente relacionado con su parte más femenina, que yo asocio energéticamente con el lado izquierdo del cuerpo.

No estaba queriendo estar plenamente presente en su situación actual.

Había algo de lo que, internamente, estaba intentando alejarse.

Cuando una emoción empieza a expresarse físicamente

Desde mi lectura del cuerpo energético, ese patrón de huida también estaba apareciendo físicamente.

Su tronco inferior izquierdo, comenzando desde el rotador de la cadera, presentaba una tendencia marcada hacia la rotación externa y posterior.

El cuerpo estaba organizado en una posición de salida.

De alejamiento.

Como si una parte de él estuviera preparada para irse.

Para mí, aquello era un disbalance energético que se estaba materializando en el cuerpo físico.

Y aquí es donde la conexión entre cerebro, subconsciente y cuerpo empieza a resultar especialmente interesante.

Si una parte del subconsciente está interpretando constantemente una situación como algo de lo que hay que huir, el cerebro puede continuar mandando esa señal.

Y el cuerpo la traduce.

En este caso, esa señal parecía estar llegando hasta su pierna izquierda.

La pierna empezó a manifestar ese patrón de huida a través de su organización y su rotación externa.

¿Y qué ocurre cuando ese patrón llega al movimiento?

El cuerpo no se queda quieto.

Tenemos que caminar.

Correr.

Girar.

Apoyarnos.

Reaccionar.

Y si una parte del cuerpo está constantemente organizada desde un patrón que no corresponde con el presente, el movimiento también puede verse afectado.

En este caso, esa rotación externa y posterior de la pierna izquierda podía estar influyendo en la manera en la que ese pie entraba en contacto con el suelo.

Había menos consciencia y presencia en ese pie.

Y entonces apareció el impacto.

Jugando al fútbol.

Una mala pisada.

Un movimiento suficientemente brusco.

Y el ligamento se lesionó.

Desde fuera, simplemente podríamos decir:

«Se cayó y se hizo un esguince.»

Y sí.

Eso ocurrió.

Pero mi pregunta es otra:

¿Qué estaba ocurriendo en su cuerpo antes de esa caída?

El cuerpo energético también puede influir en cómo nos movemos

Aquí es donde mi forma de trabajar se diferencia.

No considero el cuerpo físico y el campo energético como dos realidades separadas.

Para mí, están constantemente comunicándose.

Lo que ocurre en nuestro mundo interno puede modificar nuestra percepción.

Nuestra percepción puede modificar nuestra organización corporal.

Nuestra organización corporal modifica nuestro movimiento.

Y nuestro movimiento puede acabar influyendo en cómo respondemos ante un estímulo físico.

No significa que cada lesión tenga una causa emocional.

Significa que, en determinados casos, la lesión física puede ser la última expresión de un proceso que ya estaba ocurriendo en diferentes niveles.

Y eso es lo que me interesa explorar.

Volver a conectar lo que estaba separado

Durante la sesión no trabajamos únicamente sobre la rodilla.

Trabajamos sobre esa desconexión.

Sobre escuchar el cuerpo.

Sobre volver a sentir esa pierna.

Sobre conectar el cerebro con esa parte del cuerpo.

Sobre permitir que apareciera aquello que estaba ocurriendo en su mundo interior en lugar de seguir huyendo de ello.

Poco a poco, empezó a conectar con esa parte de sí mismo.

Y algo cambió físicamente.

Su cadera izquierda comenzó a colocarse de otra manera de forma inmediata.

La rotación externa disminuyó.

Y su dolor también se redujo de manera notable.

Para mí, ese cambio no significaba que el ligamento hubiera dejado de estar lesionado.

La estructura necesitaba seguir recuperándose.

Pero algo había cambiado en la relación entre su cuerpo físico, su sistema nervioso, su percepción y su campo energético.

El cuerpo y la energía empezaban a alinearse de otra manera.

¿Y si la lesión también nos está mostrando algo?

Es fácil pensar que todo esto es demasiado enrevesado.

Que simplemente tuvo una mala caída.

Que simplemente pisó mal.

Que simplemente se lesionó jugando al fútbol.

Y, desde luego, esa es una parte de la historia.

Pero yo no puedo evitar hacerme otra pregunta:

¿Y si no hay nada que ocurra de forma completamente aislada?

Quizá su falta de consciencia en esa pierna contribuyó a esa mala pisada.

Quizá esa falta de presencia estaba relacionada con un patrón interno de huida que llevaba tiempo expresándose.

Quizá el cuerpo estaba haciendo visible algo que todavía no podía reconocer de otra manera.

No se trata de buscar culpables.

Ni de decirle a alguien que se ha lesionado porque no ha trabajado sus emociones.

Se trata de preguntarnos si el cuerpo puede estar participando en una historia mucho más grande de lo que vemos a simple vista.

A veces el cuerpo nos obliga a parar

Al hablarlo después con el paciente, llegamos también a una conclusión que para mí fue especialmente significativa.

Su proceso personal parecía estar pidiéndole algo que hasta entonces le estaba costando darse: parar.

Dejar de escapar.

Ir hacia dentro.

Sentir.

Integrar.

Quizá la lesión no era simplemente un obstáculo en su camino.

Quizá también podía convertirse en una oportunidad para hacer algo que su cuerpo llevaba tiempo necesitando.

Y ahí es donde para mí empieza una parte esencial de nuestro trabajo con el cuerpo.

No siempre podemos evitar que algo ocurra.

Pero sí podemos aprender a escuchar qué nos está mostrando.

Traer luz al dolor

Creo que el cuerpo está constantemente comunicándose con nosotros.

A veces lo hace a través del movimiento.

A veces a través de una tensión.

A veces a través del dolor.

Y otras veces a través de una lesión que nos obliga a detenernos.

No todo lo que ocurre en el cuerpo tiene una explicación sencilla.

Y no todo tiene por qué tener una única causa.

Pero cuando aprendemos a conectar el cuerpo físico con nuestro mundo interno, aparecen nuevas preguntas.

¿De dónde viene esto?

¿Qué estoy evitando sentir?

¿Dónde estoy poniendo mi atención?

¿Estoy realmente presente en mi cuerpo?

¿Qué está intentando protegerme?

¿Qué necesita ser escuchado?

Para mí, acompañar estos procesos no significa tener todas las respuestas.

Significa ayudar a la persona a escuchar lo que su cuerpo ya está diciendo.

A conectar lo que estaba separado.

A traer consciencia allí donde había desconexión.

Y, poco a poco, traer luz al dolor que a veces nos infligimos a nosotros mismos desde el no saber.

Porque quizá el cuerpo no está en nuestra contra.

Quizá simplemente está haciendo lo mejor que puede con aquello que todavía no hemos aprendido a comprender.